Un predicador se murió y se fue derecho al cielo. Pero al llegar notó que a un taxista le habían dado un lugar más elevado que a él. Se quejó a San Pedro:
-No lo entiendo; yo me pasé toda la vida sirviendo devotamente a mi congregación. ¿A qué se debe esta injusticia?. San Pedro le explicó:
-Nuestra política consiste en recompensar a las almas según los resultados. Diga usted, reverendo, ¿qué sucedía cada vez que daba usted un sermón?
El ministro reconoció que algunos feligreses se dormían.
-¡Exactamente! -le recordó San Pedro- Y cuando la gente viajaba en el taxi de este hombre, no sólo seguía despierta, sino que rezaba.
La otra cola es más rápida. Si cambia de cola, la que acaba de dejar empezará a avanzar más deprisa que la nueva. Si vuelve a la primera, lo único que conseguirá es que se produzca un tumulto y todo el mundo se mosquee con usted